El número de víctimas del terremoto que sacudió Birmania el viernes sigue en aumento, con un balance que podría ser mucho más grave de lo estimado inicialmente. A dos días del desastre, los equipos de rescate siguen trabajando incansablemente para localizar sobrevivientes bajo los escombros, mientras el país enfrenta una grave crisis de recursos y dificultades operativas.
El seísmo de 7,7 grados de magnitud, ocurrido al mediodía del viernes (hora local), fue seguido por una réplica de 6,7 grados y varias réplicas menores durante el fin de semana. En la mañana del domingo, la angustia de los residentes se exacerbó con el constante movimiento sísmico, lo que dificultó aún más las tareas de rescate. La junta militar que gobierna Birmania confirmó que hasta el momento hay alrededor de 1.700 muertos, 3.400 heridos y más de 300 desaparecidos. Sin embargo, los datos siguen siendo inciertos debido a la compleja situación del país, que atraviesa un conflicto civil tras el golpe de Estado de 2021.
El impacto del conflicto en el sistema sanitario
La emergencia sanitaria se ve agravada por el conflicto interno que ha dejado al sistema sanitario del país al borde del colapso. Desde el golpe de Estado, Birmania ha enfrentado un grave deterioro de sus infraestructuras y recursos, lo que complica aún más la respuesta a una catástrofe de tal magnitud.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), existe un 35% de probabilidad de que el número de muertos oscile entre 10.000 y 100.000, lo que subraya la magnitud del desastre. La segunda ciudad más grande del país, Mandalay, situada cerca del epicentro, sufrió el colapso de bloques de apartamentos, puentes y graves daños en las carreteras, lo que ha dificultado el acceso a las zonas más afectadas.
Falta de recursos y ayuda internacional limitada
Birmania, uno de los países más aislados y empobrecidos de la región, no dispone de los recursos suficientes para hacer frente a la magnitud de esta tragedia. Antes del terremoto, la ONU ya había advertido sobre los altos riesgos de inanición para aproximadamente 15 millones de personas en 2025 debido a la crisis política y económica.
La escasez de suministros médicos es otro de los graves problemas que enfrentan los socorristas. La ONU ha señalado que los equipos de rescate carecen de equipos esenciales como "kits de trauma", productos anestésicos, bolsas de sangre y medicamentos vitales, lo que está dificultando aún más la atención de los heridos. Las operaciones también se ven complicadas por los daños sufridos por hospitales y centros de salud, así como las malas condiciones de las vías de comunicación.
Ayuda internacional comienza a llegar
A pesar de las dificultades, la ayuda internacional ha comenzado a llegar, aunque de manera lenta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) envió tres toneladas de suministros médicos a los hospitales de Mandalay y Naypyidaw, donde se atiende a miles de heridos. China, un aliado clave de la junta militar, envió 82 socorristas y 13,8 millones de dólares en ayuda humanitaria de emergencia. Por su parte, India envió un avión con kits de higiene, alimentos y mantas, mientras que Corea del Sur, Estados Unidos y la Unión Europea también han anunciado contribuciones.
Alto el fuego parcial y esfuerzos de rescate en Tailandia
En medio del caos, los combatientes antigubernamentales han declarado un alto el fuego parcial de dos semanas, iniciado el domingo, para permitir que los esfuerzos de rescate se lleven a cabo sin obstáculos. Esta decisión fue tomada por el Gobierno de Unidad Nacional (GUN), un órgano opositor formado por antiguos diputados prodemocráticos que actualmente se encuentran en el exilio.
Casi 1.000 kilómetros al oeste, en Bangkok, las autoridades tailandesas también están llevando a cabo operaciones de rescate tras el derrumbe de una torre en construcción provocada por el terremoto. Equipos de rescate con excavadoras mecánicas, perros rastreadores y drones térmicos han trabajado sin descanso para localizar a las personas atrapadas. Al menos 17 personas han muerto en la capital tailandesa, mientras que 83 siguen desaparecidas, en su mayoría trabajadores que se encontraban en el edificio derrumbado en el distrito de Chatuchak.
El balance sigue siendo incierto
La situación en Birmania sigue siendo muy incierta, y la magnitud final de la tragedia aún no puede preverse con exactitud. Las difíciles condiciones del país, agravadas por el conflicto interno y la falta de recursos, continúan complicando las labores de rescate y socorro. Mientras tanto, la comunidad internacional se mantiene atenta a los esfuerzos de ayuda y colaboración, en espera de que más recursos puedan llegar para asistir a un país que enfrenta una de las peores crisis humanitarias de su historia.
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